ISSN electrónico: 2448-7147                                                   /10.22185/24487147.2026.121.15

 

Ser trabajador(a) migrante en Chile: “incertidumbre y desafiliación social”. Revisitando a Robert Castel

Being a migrant worker in Chile: “uncertainty and social disaffiliation”. Revisiting Robert Castel

 

María Emilia Tijoux-Merino*

Constanza Ambiado-Cortés*

 

*Universidad de Chile, Chile

 

Resumen

 

Este artículo revisita la propuesta sociológica de Robert Castel sobre la desafiliación social para comprender las trayectorias de trabajadores migrantes que han llegado a Chile en los últimos años. A partir de entrevistas recogidas en dos investigaciones sociológicas cualitativas realizadas en la Región Metropolitana, se busca analizar los procesos de desafiliación social y de racialización que experimentan los migrantes develando que su condición migratoria los deja en una situación paradójica: por un lado, quedan excluidos de los procesos de integración y socialización debido a su condición migrante; por otro, son parte funcional de la sociedad al insertarse en un mercado laboral que demanda su mano de obra. Esta contradicción los sitúa en una posición marginalizada que revela su sufrimiento y permanente incertidumbre.

 

Palabras clave: Incertidumbre, desafiliación social, “trabajo migrante”.

 

Abstract

 

This article revisits Robert Castel's sociological proposal on social disaffiliation to understand the trajectories of migrant workers who have arrived in Chile in recent years. Based on interviews collected in two qualitative sociological investigations conducted in the Metropolitan Region, the aim is to analyze the processes of social disaffiliation and racialization experienced by migrants, revealing that their migratory status places them in a paradoxical situation: on one hand, they are excluded from integration and socialization processes due to their migrant condition; on the other, they are a functional part of society by integrating into a labor market that demands their workforce. This contradiction places them in a marginalized position that reveals their suffering and permanent uncertainty.

 

Keywords: Uncertainty, social disaffiliation, “migrant labor”.

 

Recibido: 27/08/2024

Aceptado: 08/06/2025

 

 

Introducción

 

 

Las migraciones no son un fenómeno nuevo ni localizado. Hombres y mujeres han dejado sus tierras para desplazarse a otros países en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. No obstante, la actual movilidad de la mano de obra no tiene precedentes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que más de 160 millones de migrantes internacionales son trabajadores/as[1], y un reciente informe muestra que las ganancias en el sector privado a partir del trabajo forzoso ascienden a 236 mil millones de dólares en beneficios ilegales al año en sectores de la economía como la explotación sexual forzada, la agricultura, la industria y el trabajo doméstico, entre otros.[2] De igual modo, informes recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) señalan que las remesas de trabajadores/as migrantes se mantienen o aumentan con el paso de tiempo, incluso en tiempos de crisis como la pandemia Covid-19.[3] Sin embargo, las restricciones para migrar son cada vez mayores, a la vez que los estados están de acuerdo con diversas formas de discriminación formal de los/as migrantes en lo que respecta a su acceso a derechos.

Se considera que las reflexiones sobre la migración contemporánea, su explotación y las ganancias que se extraen deben ser comprendidas en un escenario mayor de mundialización del capital y de crisis económica global que, por un lado, conduce a pensar las importantes transformaciones que ha experimentado el mundo del trabajo con la automatización de funciones, la flexibilización y la precarización, y por otro, muestra las consecuencias que ha tenido el desmantelamiento de los sistemas de protección social alcanzados mediante las grandes luchas sociales y políticas del siglo XX, con la emergencia del neoliberalismo en la vida cotidiana de la clase trabajadora desde finales del mismo siglo. Vale pensar que los desplazamientos de personas que migran se dan en este marco y provienen de las dificultades provocadas por las condiciones y las contradicciones actuales de la acumulación capitalista. Así, aunque las migraciones han existido a lo largo de la historia, su forma social, política y económica se produce en el marco de dichas contradicciones.

La migración contemporánea hacia Chile se produce durante la transición democrática, luego del plebiscito de 1989 que terminó con la dictadura civil militar de Augusto Pinochet (1973-1989) inaugurando dos décadas de gobiernos progresistas que continuaron con la agenda neoliberal amparada en la Constitución de 1980, que promovía la inversión extranjera en el país al mismo tiempo que se privatizaban los servicios públicos en “una economía abierta basada en el estímulo a la industria primaria exportadora en detrimento de otra orientada a la producción para el mercado interno; la privatización de los servicios sociales y una política de gasto social focalizada” (Boccardo, 2018, p. 71). La transformación económica neoliberal produjo nuevas relaciones laborales con una nueva institucionalidad[4] que buscó personalizar las relaciones entre trabajadores/as y empresarios/empleadores, disminuyendo el poder de negociación colectiva de las asociaciones gremiales. Al mismo tiempo, se daba apertura al mercado transnacional y a una progresiva privatización de empresas públicas, junto con una aceleración de la proletarización femenina en sectores como la agricultura de exportación que emergió principalmente de la contra reforma agraria (Valdés, 1988; Valdés, 2020). Estos elementos contribuyeron a modificar el campo del trabajo en Chile provocando, por ejemplo, el cierre de empresas productivas industriales nacionales y la importación de bienes de consumo que, con los tratados de libre comercio, generó la disminución de trabajadoras/es industriales, y que con la llegada del capital extranjero acrecentó la cantidad de trabajadores/as del sector servicios y comercio, la agricultura y los servicios domiciliarios, de salud y educación.

La dictadura privatizó la vida nacional, logrando que la política neoliberal normalizada rigiera de modo capitalista la existencia. En este contexto incierto es difícil planificar el destino, pues la desregulación de la vida y la inseguridad social que la embarga nubla el horizonte de los derechos fundamentales (Castel, 2003) logrando que el individuo se encierre para calcular su supervivencia temiendo que alguien la ponga en peligro. El neoliberalismo engaña al traer consigo la promesa de una sociedad económicamente exitosa que en Chile se armó sobre la imagen de un país de oportunidades laborales que presentaba una sólida historia de institucionalidad republicana, logrando que desde los años noventa, personas de la región se sintieran atraídas y migraran. Como se declara más adelante, la idea de mejores posibilidades laborales y de una vida social más estable pesaron mucho en la decisión de emigrar a Chile, pues sus países experimentaban fuertes crisis económicas y políticas. A partir de una investigación mayor realizada entre los años 2018 y 2021, pudimos comprobar que estas ilusiones de mejoramiento de la vida se fueron desvaneciendo al enfrentar la cotidianidad, dado que en los últimos años aumentaron las restricciones para conseguir una visa de residencia y un permiso laboral, lo que profundizó irregularidad migratoria y escasa libertad de elección de las ofertas laborales que prometía el país, al mismo tiempo que surgieron dificultades por el oneroso costo de la vida que en una ciudad como Santiago, por ejemplo, excede la ganancia del trabajador/a migrante que generalmente divide su salario entre el envío las remesas al país de origen y los gastos que debe asumir en Chile.

Para las personas migrantes, la oferta laboral se produce desde lugares laborales que les estarían asignados por su origen, género, corporalidad o edad, y se podría pensar como la “redistribución” de un “stock” de personas que responden a la solicitud de distintos mercados nacionales que buscan abaratar sus costos con el objetivo de mayor ganancia (Ambiado, Tijoux y Veloso, 2022). Entonces, la urgencia de supervivencia que caracteriza la búsqueda de trabajo de las personas migrantes facilita y permite distintos abusos por parte de empleadores inescrupulosos a la vez que naturaliza la condición migrante como aquella que acepta cualquier labor. Las migraciones muestran el desplazamiento de una fuerza de trabajo que es aprovechada e incluso explotada por empleadores/as que ganan con su presencia. En este marco, las investigaciones realizadas se apoyan en las palabras de personas migrantes que develan la existencia de un proceso de racialización que acompaña un complejo trayecto migratorio experimentado por las/os migrantes en lo que atañe a sus trabajos (Tijoux, Veloso y Ambiado, 2021; Ambiado, Tijoux y Veloso 2022; Ambiado, Veloso y Tijoux, 2022).

El artículo que se presenta revisita la propuesta sociológica de Robert Castel sobre la desafiliación social para comprender las trayectorias de trabajadores migrantes que han llegado a Chile en los últimos años. A partir de entrevistas recogidas en dos investigaciones sociológicas cualitativas realizadas en la Región Metropolitana, se busca analizar los procesos de desafiliación social y racialización que experimentan los migrantes develando que su condición migratoria los deja en una situación paradójica: por un lado, quedan excluidos de los procesos de integración y socialización debido a su condición migrante; por otro, son parte funcional de la sociedad al insertarse en un mercado laboral que demanda su mano de obra. Esta contradicción los sitúa en una posición marginalizada que revela su sufrimiento y parte funcional permanente de la sociedad al insertarse en un mercado laboral que demanda su mano de obra. Esta contradictoria situación los ubica en un margen que devela su sufrimiento y los señala como “individuos por defecto”, cuyos sueños y proyectos para vivir en Chile quedan en un vacío social que les obliga a vivir en la incertidumbre. Provenientes de países de la región, los/as migrantes enfrentan el racismo que se devela en la racialización que muestra la permanencia de prácticas y discursos discriminatorios.

 

 

Propiedad social, incertidumbre, desafiliación

 

 

Para Robert Castel, trabajar implica “estar en el mundo”, pues el trabajo es a la vez la acción y el reconocimiento que ata a la existencia al permitir participar en las redes de sociabilidad (Castel, 1997). Según el autor, la cuestión social se transforma según el modo de producción de las relaciones laborales, entonces, cuando el trabajo no es constante y no entrega seguridad para enfrentar las necesidades —como ocurre con la cesantía o el trabajo precarizado— se imposibilita la planificación de la vida obligando al individuo a construir todo en el presente, mientras su futuro se deshace a causa de la incertidumbre en el trabajo. Esta situación lo sume en un proceso de precarización que se normaliza y lo desprotege, dejando ver que la existencia de un/a trabajador/a solo podría asegurarse si cuenta con los soportes sociales que entrega el Estado.

Para Castel, la propiedad social ayuda a examinar los problemas sociales y a entender el rol del Estado, dado que los individuos existen cuando éste los protege por el hecho de estar trabajando activamente, y el rol de trabajador les permite construir su seguridad (Castel y Haroche, 2001). Durante mucho tiempo el Estado tuvo un rol de protección que reducía las inseguridades y entregaba servicios para subsistir, pero dichas protecciones de carácter civil que garantizan libertades fundamentales también deben ser sociales, ya que solo así se pueden cubrir los riesgos que degradan las condiciones de vida de trabajadores que enfrentan enfermedades, accidentes, pensiones precarias o cesantía. Lo paradojal para nuestro autor es que la preocupación por la seguridad se ha vuelto popular en el sentido fuerte del término, o sea, solo se presenta cuando surgen formas masivas de violencia: “la inseguridad moderna no sería la ausencia de protecciones, sino más bien su reverso, su sombra proyectada en un universo social que se ha organizado en torno a una búsqueda interminable de protección o a una búsqueda desesperada de seguridad” (Castel, 2003, p. 6).

Actualmente, la propiedad social se ha roto. Muchas transformaciones la han horadado como la privatización y la tendencia mundial a dejar en manos de la producción la gestión de bienes y servicios. Esto ha ocurrido en Chile en los servicios públicos, cuya gestión y administración están ahora en manos privadas, lo que explica que se hable de eficacia, flexibilidad o atención personalizada a los clientes. Así se forja y desarrolla la inseguridad social (Castel, 2003) cuando los individuos dejan de tener las protecciones que entregaba un Estado que se suponía de derecho. Esta erosión de las protecciones clásicas no es el único factor de la inseguridad contemporánea, también lo es la “nueva generación de riesgos”: industriales, tecnológicos, sanitarios, ecológicos, que son imprevisibles e incalculables. En el caso de los migrantes, la seguridad social adquirida en sus países de origen se termina, pero la tienen muy presente cuando se trata de la búsqueda de una vida mejor.

Esta búsqueda de seguridad es infinita y provoca frustraciones que consiguen que la inseguridad sea el reverso de una sociedad de seguridad, es decir, si las sociedades modernas están construidas sobre el terreno de la inseguridad, es porque los individuos no encuentran ni en sí mismos ni en su entorno la capacidad de asegurar su protección (Castel, 2003). Se ha erosionado la organización de los trabajadores, han disminuido los sindicatos y se ha deshecho el “espíritu sindical”. La dignidad atada al trabajo, como máxima recurrente que los padres y las madres de las décadas de 1960 y 1970 entregaban a sus hijos, hoy desaparece, perdiéndose en un horizonte donde dicho valor ya no está presente. Hay dificultad para identificarnos con otros trabajadores/as desde el trabajo que realizamos porque supone peligro y cada uno/a oculta lo que sabe hacer para no mostrar sus capitales de conocimiento antes de tiempo. Puede que sea más fácil identificarnos con otros cuando estamos sin trabajo, cuando no tenemos posibilidad de enfrentar la existencia (Castel, 2010). Además, en el trabajo estamos muy diferenciados —el trabajo ha cambiado y nos ha hecho cambiar— (Castel, 1997) desde la permanente competencia que obliga a mostrar lo que puede comprar el mercado.

Desde un enfoque genealógico, Castel (1997, pp. 32-33) propone una historia de la cuestión social como historia del presente: “(...) intentaré deconstruir su singularidad (la de los desafiliados) para identificar los vínculos que unen la producción de marginalidad al funcionamiento global de una sociedad” (Castel, 1997, pp. 32-33). Apoyándose en un abundante material histórico, hace una relectura sociológica de las sociedades feudales preindustriales, de las sociedades industriales de la era del capitalismo en Europa y de las actuales sociedades modernas, demostrando que entre estos desafiliados:

 

 

existe una homología de posición (en la estructura social) entre (...) esos 'inútiles para el mundo' representados por los vagabundos antes de la revolución industrial y las diferentes categorías de 'empleabilidad' de hoy (...) y que los procesos que producen estas situaciones (de desafiliación) también son comparables (...) (Castel 1997, p.21-22).

 

La desafiliación designa el resultado de un doble proceso de desconexión que ocurre en el trabajo y en la inserción relacional que encarnan los vagabundos de las sociedades preindustriales, los proletarios de las sociedades industriales y el precariado de las sociedades actuales. Así, la desafiliación le da un lugar central a la condición racializada de un trabajador(a) migrante, si lo pensamos como figura contemporánea de la desafiliación que reagrupa un conjunto de problemas bajo una misma designación (pobreza, racismo, discapacidad, problemas urbanos, etc.) y a la vez muestra que “la exclusión no es una noción analítica” (Castel, 2009, p. 340) y solo busca conocer problemas aparentes. Para Castel: “hablar de exclusión conduce a autonomizar situaciones límites que solo tienen sentido si se las ubica en un proceso” (2009, p. 341-342). Frente a esta dificultad, propone el concepto de “desafiliación” al que entiende como un proceso social que permite buscar las condiciones sociales y los soportes que los individuos pueden perder, o bien, reapropiarse en una sociedad determinada (Castel y Haroche, 2001).

 

 

Trabajo migrante para el inmigrante. “Individuos por defecto” desafiliados: ni adentro ni afuera

 

 

Estar afiliado implica que un/a trabajador/a no solamente tiene trabajo, sino que está en el trabajo porque tiene posibilidad de insertarse en la sociedad a la vez que está presente en la sociabilidad, o sea, en la relación con los demás. Para Castel, las situaciones que muestran la existencia de soledad o de angustia por la cesantía, por ejemplo, provienen de un doble proceso de desconexión con el trabajo y con la inserción relacional. Es aquí cuando pensamos a la figura del trabajador migrante como contemporánea a una desafiliación social que contiene la acumulación de elementos que la posibilitan y que se inicia con el hecho de ser considerado mano de obra descalificada debido a la crisis económica y a la cesantía masiva, para luego ser colocado en los confines del orden social. A esto se agrega la racialización, proceso que convierte al migrante en sospechoso del “robo del trabajo”, logrando construir el trato discriminatorio que opera para impedir toda inserción y toda integración social.

Poniendo lo anterior en la reflexión sociológica, se invita a examinar lo que se ha denominado “trabajo migrante”, una afirmación que oculta la repetición del “robo del trabajo” que los/as chilenos/as sienten como una afrenta y que hemos hipotetizado del modo siguiente:

 

 

El trabajo que llevan a cabo personas migrantes puede entenderse desde una articulación racista de la acumulación por desposesión, que consiste en hacer pasar desapercibida esta última operación. Esto redunda sobre la posibilidad por parte de los empleadores de sobre exigir al trabajador migrante, utilizar la figura de la migración para disciplinar a la fuerza de trabajo nacional, y con ello de escindir a la clase trabajadora (Tijoux, Veloso y Ambiado, 2021, p. 5).

 

 

Esta exigencia se suma al “peligro” que representa el migrante como el trabajo que lleva a cabo, pues aun siendo precarizada la labor que realiza, es visto como peligroso para los/as nacionales, incluso cuando estos no quieren realizar dichas labores. Se puede comprobar entonces que la articulación racista devela distintas prácticas que advierten que una persona migrante debe, cada vez que se le solicita, mostrar que trabaja. De allí la centralidad que entrega el lazo trabajo/migración en el entendido de que el migrante es esencialmente un trabajador (Sayad, 1999).

El migrante es esencialmente una fuerza de trabajo siempre provisoria. En virtud de este principio, un/a trabajador/a inmigrante (siendo aquí, trabajador e inmigrante, casi un pleonasmo), si nace a la vida (y a la inmigración) en la inmigración, incluso si es llamado a trabajar (en tanto inmigrante) durante su vida en el país, incluso si está destinado a morir (en la inmigración) y en tanto inmigrante, sigue siendo un trabajador que se define y se trata como provisorio, por lo tanto, es revocable en todo momento (Sayad, 2006, p. 50). Entonces, ser migrante y estar cesante es la paradoja inaceptable que devela la ilegitimidad fundamental de la migración. Por eso, es únicamente el mercado de trabajo quien contribuye a definir las reglamentaciones y los discursos sobre la población migrante, pues al señalarla como “problema”, las migraciones siempre serán pensadas desde allí, aunque quienes migran lo han hecho con la ilusión del cambio en sus vidas gracias al trabajo.

Frente a la precarización general de la vida de los/as trabajadores con la neoliberalización del trabajo, las personas migrantes han sido un blanco fácil para el temor de los nacionales cuando las ven como causantes de sus problemas, dejándolas sujetas a una discriminación permanente a causa del lugar racializado que tiene la migración contemporánea en el imaginario chileno que implica negación de oportunidades y de derechos: “La discriminación negativa es una instrumentalización de la alteridad constituida como factor de exclusión” (Castel, 2007, p. 10). La racialización tiene en estos procesos un lugar central, pues aun cuando el racismo en tanto sistema totalitario tiene dinámicas propias y una historia que sobrepasa a la del capital, el lugar racializado de las personas migrantes para quienes la desafiliación actúa de modo inmediato, implica una articulación entre racismo y capitalismo que se devela en el modo en que los/as trabajadores/as migrantes son tratados/as. Que los nichos laborales a los que referíamos surjan para atraer a determinadas nacionalidades no es casualidad porque el factor “raza” —un potente marcador de diferencias— lo permite, dado que el racismo, una relación social que opera en la vida cotidiana, precisa ser pensado desde las estructuras que lo hacen posible. En este punto, las instituciones no quedan exentas de responsabilidad cuando las políticas migratorias están centradas en el cierre de fronteras y en la securitización más que en los derechos de los trabajadores (Thayer, Tijoux, Lages y Fouillioux, 2022). Por una parte se produce un/a trabajador/a cuya condición migratoria permite los abusos, y por otra, se produce la incertidumbre que proviene de la desafiliación permanente, sobre todo si su condición es irregular.

La noción “individuo por defecto” ayuda a comprender que el lazo que debería vincular al migrante con la sociedad se ata únicamente al trabajo, dejándolo al margen de la vida social. La incertidumbre de no saber que ocurrirá en una sociedad que celebra la autonomía y el “empoderamiento” implica que estamos frente a un “defecto”, pues la persona lucha cada día sin llegar nunca a ser un verdadero ciudadano. Al parecer se trata de “individuos por defecto” al igual que hay “individuos por exceso”, y estos no son epifenómenos. Todo ocurre como si se hubiese producido una bifurcación en la trayectoria del individuo moderno desde la cual comenzó a instalarse en nuestra formación social perfiles de individuos diferentes de los que parecían imponerse como prototipo de la modernidad: el individuo que tiene la posibilidad dada de conducirse como un sujeto independiente y responsable (Castel, 2010). De ahí que para Castel exista “por arriba” una promoción de individuos por exceso que escapan a los problemas y a las protecciones y que se pueden evadir de la sociedad debido a su abundancia de soportes. Pero “por abajo” la estructura que sostiene al individuo moderno deja ver a quienes no consiguen acceder a los soportes de la propiedad social al mismo tiempo que no son protegidos por la propiedad privada.

Sin conseguir los soportes y sin protección de la propiedad privada son los “individuos por defecto” que están dentro y fuera al mismo tiempo. La incertidumbre que contiene esta inestabilidad que es jurídica, laboral y social es imprescindible para la explotación de una mano de obra llamada “trabajo migrante”, pues mantiene a estos trabajadores en una condición precarizada dado que el trabajo es lo único que tienen para sobrevivir (alimentarse, alquilar y enviar remesas al país de origen). Entonces, deviene mano de obra necesaria, deseable, y también desechable, debido a su condición migratoria. Esta situación lo deja sin soportes para desenvolverse en la vida y le niega o le entrega de modo parcelado: la salud, la educación y la manutención de la familia. Además, el actual escenario global repleto de discursos de odio contra la migración lo presenta únicamente desde características negativas, describiéndolo como carga social cuando no está en el mercado del trabajo, está cesante, es carga familiar o como persona peligrosa, e incluso delincuente. Esta sospecha permanente se produce al mismo tiempo que aumentan la militarización de las fronteras y las políticas utilitarias y selectivas de inmigración.

 

 

Material y métodos

 

 

El análisis que se presenta proviene de dos investigaciones sociológicas cualitativas centradas en la comprensión del sujeto migrante y del trabajo migrante en Chile en la Región Metropolitana. La primera se realizó entre los años 2018 y 2021,[5] y la segunda se inició el año 2024 y finalizará el año 2026.[6] Ambos proyectos fueron financiados por la Agencia Nacional de Investigación (ANID) y patrocinados por la Universidad de Chile. El objetivo es estudiar los mecanismos sociales que operan en la construcción del sujeto migrante en el Chile contemporáneo para comprender las imbricaciones entre las trayectorias laborales y migratorias, y los procesos de racialización que cobran forma en sus vidas cotidianas.

El primer estudio (2018-2021) implicó la realización de 60 entrevistas a migrantes que residían y trabajaban en zonas urbanas: hombres y mujeres entre 20 y 60 años provenientes de Perú, Colombia, República Dominicana, Haití y Venezuela. Se usó la técnica de entrevista en profundidad que consideró un guion de temas y preguntas abiertas. Cada entrevistado/a leyó y firmó un consentimiento informado aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de Ciencias Sociales, se tuvo cuidado y se reflexionó sobre los resguardos éticos que implican reducir la violencia simbólica que contiene toda situación de entrevista (Tijoux, Ambiado y Veloso, 2023).

Este estudio, desde un enfoque cualitativo, abordó la subjetividad de los trabajadores migrantes para indagar en sus trayectorias laborales y vida cotidiana. Se identificó una diversidad de trayectorias laborales y migratorias que, sin embargo, compartían experiencias comunes ligadas a la condición y el trabajo migrante. El perfil de los entrevistados fue amplio, incluyendo hombres y mujeres de cinco nacionalidades del continente, distintas edades, experiencias educativas y años de llegada a Chile. La variedad de tiempos de estadía y nacionalidades reveló trayectorias que siguieron distintos caminos administrativos, marcados por el ambiente político y el gobierno de turno al momento de su llegada, un contexto sociopolítico que transformó las vías de acceso a la residencia y al permiso laboral de los migrantes.[7]

En este texto, que atañe a la investigación actual (2024-2026), se profundizan los resultados sobre la construcción de la condición migratoria y el trabajo migrante en la Región Metropolitana, con el propósito de comprender los procesos de desconexión que ocurren tanto en el trabajo como en la inserción relacional durante las trayectorias laborales de las personas entrevistadas. Luego, en lo que atañe a la trayectoria migratoria marcada por el trabajo y como un proceso que parte en el país de origen y continúa en el país de llegada, se muestran algunos elementos de estas trayectorias considerando sus percepciones sobre Chile y las expectativas de su migración al país. Las trayectorias migratorias se dibujan en los relatos de los/as entrevistados/as como búsqueda de estabilidad económica según los trabajos disponibles, y desde lo sociopolítico que implica estabilidad política y delincuencia contenida.

En un segundo apartado se toma en cuenta la emigración para el análisis de los procesos de la inmigración que permiten analizar los procesos de desafiliación que las personas migrantes sufren al llegar al mercado laboral chileno, al sistema migratorio y a la sociedad chilena en general. Siguiendo a Castel (2003), el migrante sería una figura desafiliada que está en medio de la precarización del trabajo, elemento central del proceso de desafiliación que muestra una trayectoria que lo aleja de todo trabajo estable. Las ilusiones de quienes emigran se enfrentan a la realidad, entonces la incertidumbre se apodera de ellos y los convierten en individuos inseguros y temerosos.

 

 

Análisis de resultados

 

 

Se observa que las razones de emigración están principalmente atadas a la búsqueda de trabajo. Un entrevistado señala el vínculo entre migración y trabajo de una forma muy precisa diciendo: “Estoy acá para buscar una vida mejor, para trabaja. Usted sabe que el ser humano para sobrevivir tiene que trabajar. Por eso estoy acá”. Cabe destacar que nuestros entrevistados/as provienen de distintos sectores sociales, de campo y de ciudad, son jóvenes, algunos recién comenzando su trayectoria laboral a los 20 años, mientras otros/as llegan después de realizar estudios superiores o técnicos, cercanos a los 30 años.

Hay diferencias en el sentido de urgencia que presenta la migración en estas trayectorias. Algunas tienen un foco laboral y contienen una percepción negativa del desarrollo de la vida en el país de origen. No se trata únicamente de falta de trabajo, sino de problemas que les impiden permanecer en el país. Inestabilidad política y altos niveles de delincuencia señalan los/as entrevistados/as para explicar su emigración, particularmente haitianos/as y venezolanos/as que migraron en los últimos años. Frente a la inseguridad e inestabilidad, la migración es la posibilidad de un horizonte seguro.

 

 

Yo tomé la decisión por la crisis que estaba pasando mi país, ya no es secreto para nadie que allá no hay comida, ni trabajo, el ingreso es asqueroso, duré un año para ver, hice una lista de los países que podía inmigrar y ahí empecé a estudiar el Producto Interno Bruto, la facilidad de los papeles, hasta que por fin me quedó Chile, realmente no conocía Chile, únicamente por el terremoto y por Don Francisco (Entrevistado venezolano).

Porque la política de mi país es mala, hay muchos muertos, muchas —¿cómo se dice? — manifestaciones. Un día hay escuela, otro no hay. Pero es un muy buen país, solamente la política (Entrevistada haitiana).

 

En otros casos, la urgencia por emigrar no es tan visible, dado que pareciera no tratarse de una necesidad frente a la inestabilidad o la escasez, y los/as entrevistados/as señalan que su principal motivación para partir es abrir posibilidades de vida y laborales, conocer el mundo y tener nuevas experiencias. Generalmente son personas jóvenes con redes migratorias en el lugar de destino, como ocurre con la migración peruana que llegó en los años noventa y que rápidamente se insertó en el trabajo doméstico particular en las ciudades y en el sector agroexportador en ascenso.

 

 

En realidad teníamos a mis hermanos, o sea, una hermana tenía acá, que se había venido primero y ella nos animó, nos dijo: vengan para acá porque acá hay trabajo, vengan a ver”, como a experimentar acá. Entonces, dijimos “ya” y nos vinimos. O sea, igual allá él trabajaba, yo también trabajaba, pero un tema de conocer y también de ver otras, otro ambiente, otra gente, que yo nunca había salido de Perú (Entrevistada peruana).

Porque acá está mi familia, casi toda mi familia. Mi mamá, mis hermanos y mi sobrino. Yo me separé de mi familia casi como 17 años a 15 años, me fui a otra ciudad, del sitio donde yo soy, y viví solo. 17 años y de ahí problemas económicos (…) cogí el primer avión y me vine” (Entrevistado peruano).

 

Esta situación también se observa en las trayectorias de jóvenes profesionales de Colombia, Venezuela y Haití, donde hay una migración también motivada por razones de estudios:

 

 

Bueno, me vine aquí, era una decisión rápida y no pensada por mucho tiempo porque me propuso una prima la oportunidad de venir a Chile y me pareció como una buena oportunidad para ir afuera a explorar un poco y también a estudiar. Bueno, mi familia, mis hermanos y mi mamá, también encontraron que era buena opción y también sabían que iba a ser difícil, por el otro lado, por estar tanto tiempo afuera, sin estar con ellos allá (Entrevistado haitiano).

 

Se destaca que para muchos entrevistados Chile no es la primera opción de emigración. La emigración desde América del Sur y el Caribe durante décadas estuvo orientada a buscar un lugar en los países del llamado primer mundo, principalmente con los que se tienen lazos desde la Colonia, como España y Francia, así como con los países industrializados que colocaron sus intereses y capitales en la región desde el siglo XVIII en adelante, como Estados Unidos e Inglaterra. Sin embargo, cuando las puertas de estos países se cerraron, optaron por venir a Chile.

 

 

Yo sabía que había buena seguridad, que no había tanta delincuencia, el índice de delincuencia era bajo en comparación a otros países latinoamericanos. (…) La calidad de vida era buena, eso, la calidad de vida de Latinoamérica, obviamente si tú vas a Estados Unidos vas a tener una calidad de vida mejor, “en teoría” mejor, en teoría porque para los extranjeros me parece que no, calidad de vida buena para el americano para el norteamericano, entonces estábamos entre Estados Unidos o Chile al ganar Donald Trump dijimos “Chile” (Entrevistada venezolana).

Siempre en mis sueños quería viajar a Estados Unidos, a Canadá, para mi Chile no era, no estaba en mi agenda. Eran países como Estados Unidos porque yo siempre veo en la tele, como es bonito. Para mí no sé si existía Chile. Y después, Estados Unidos es muy complicado para entrar, hay que tener una visa, te ven cómo vas tú económicamente en su país, porque están pidiendo cuenta de ahorro y todas esas cosas, ahí uno puede entrar. Y como en las noticias sale que están dejando a los haitianos a ingresar a Chile, ahí recién mi papá piensa “ah, ya”. Pero antes teníamos un tío, el hermano de mi mamá, que llegó en 2008 (Entrevistada haitiana).

 

Si bien poco conocían sobre la sociedad chilena, manejaban datos sobre su crecimiento económico o las empresas internacionales que podían ofrecer trabajo, lo que dibujaba a Chile como un lugar amable donde lograrían construir sus existencias. Es importante señalar que estos desplazamientos, aun obligados, develan los sueños que las familias tejieron en situaciones difíciles pensando, por ejemplo, en el porvenir de sus hijos. Eso implicó para algunos analizar las posibilidades entre lo que podrían ofrecer otros países y considerar elementos políticos y económicos que les permitieran una vida mejor:

 

 

Yo hice mis análisis, yo he viajado a varios países y Chile cumplía todas las expectativas para uno migrar. Podíamos estar legal, que es importante, hablamos el mismo idioma, estabilidad política y económica en Latinoamérica, aparte que mi esposa tiene familia acá que migró y así que teníamos donde llegar también, así que se cumplieron todas las expectativas, aparte de que Chile en Latinoamérica ha representado un modelo económico más estable que los demás países, entonces ese fue como la razón de emigrar a Chile (…) me empezó a interesar cuando empecé a estudiar en la universidad, en la materia de fundamentos de la economía hablaron de Chile el milagro chileno… eso (Entrevistado venezolano).

Conozco muchos países sudamericanos, como Brasil, Perú, Argentina, Bolivia y Chile también, pero yo sé que Chile es un país en vías de desarrollo. Por eso mucha gente quiso venir acá, para buscar otra vida. Una vida mejor. Y yo vi que, en Chile hay muchas empresas de los países extranjeros que ¿cómo puedo decir bien? Que trabajan en Chile ahora. (…) Internacionales, que trabajan en Chile, por eso que yo vengo. Yo vine acá para encontrar un buen trabajo para sobrevivir” (Entrevistada venezolana).

 

Pero, la idea de seguir migrando persiste. En algunas trayectorias, Chile aparece como lugar de tránsito más que como destino y Europa sigue siendo un continente al cual se busca llegar. También se advierte que algunos migrantes trabajan principalmente para conseguir más estabilidad para sus familias en el país de origen, o para tener los medios que implique retornar comprar una vivienda, o tener algún comercio.

 

Mis metas siguen, terminar mi carrera e irme a España a estudiar. (…) Este, primero, tener una economía estable, para poder y ejercer en lo que yo quiero, mi sueño como dije es viajar a España y estudiar allá, pero para eso tengo que dejar, ya no quiero ver a mi mamá trabajar, sino dejarle un puestito, una tienda, un minimarket, para que ella ya no esté movilizándose, desde acá para allá, ese es mi punto de vista con mi familia, aparte de eso vivir en España, nada más (Entrevistado peruano).

 

A pesar de las ilusiones sobre el futuro, abandonar el lugar de origen es difícil, pues, así como se puede ganar con la migración, también se pierde con ella, pues siempre involucra una suerte de despojo de la vida anterior, de lo que han dejado atrás, tal como advierten nuestros entrevistados:

 

 

En República Dominicana yo dejé a mi mamá, a mis papás y hermanos. Dejé en Dominicana los seguros de salud, trabajos buenos ¿qué más? Y mi hijo, que después de dos años lo traje (Entrevistada dominicana).

Siempre que tengo un problema, yo soy muy reservado y nunca lo digo, trato de solucionarlo, cuando siento que ya no, no, siempre encuentro apoyo en mis papás, son personas cristianas y siempre lo ven desde el lado tranquilo (…) Ellos están en Colombia y claro es muy difícil, llegan momentos de depresión, de extrañar la gente, su cultura y eso, entonces en ese momento trato de estar siempre solo, me encierro en un libro, me encierro en un parque, haciendo cosas que me saquen de la rutina (Entrevistado colombiano).

 

 

Inmigración, producción de inestabilidad del migrante en Chile y racialización

 

 

La llegada a Chile, luego de altas expectativas, no es fácil. Se hace una mirada crítica respecto al trabajo, la legislación laboral o el sistema de pensiones al que consideran como una desventaja para el trabajador/a. Una entrevistada de Haití ilustra de manera vehemente lo que casi todos los entrevistados señalaron diciendo: “Muchas horas, poca plata”. Esto se suma a lo oneroso del costo de la vida, en los altos precios y los numerosos requisitos para arrendar o comprar una vivienda.

Los trabajos son agotadores y mal pagados, ante lo cual los/as migrantes poco pueden hacer o negociar, hecho que se asocia mayoritariamente a la situación migratoria de la persona, particularmente en los primeros años en el país, cuando se cambia de visa temporal a una definitiva. El tiempo de estadía fue considerado relevante si se buscaba acceder a mejores trabajos y derechos estatales.

 

 

Los primeros días mi esposo no conseguía trabajo, estábamos quedando sin dinero, yo no vendía acá y salía a la calle y me pasaba que, a pesar de la situación que está pasando Venezuela, por lo menos yo vivía. (…) Los primeros meses para mí fue mucha angustia hasta que aprendí a relajarme, o sea el pasar de… nosotros, yo tenía mi carro, mi esposo tenía su carro, nosotros teníamos ya como 12, 15 años con nuestra casa propia, pasar de eso a una casa arrendada, a no tener carro, a no tener estabilidad ¡es muy difícil! ¡difícil! o sea de verdad migrar, migrar no es fácil, ya en la estabilidad que estábamos ¡no es fácil! (Entrevistada venezolana).

 

El temor a la inestabilidad debido a las dificultades provenientes de la visa de residencia y del permiso del trabajo les afecta transversalmente, independiente de su nivel de educación, nivel socioeconómico o redes existentes. En esto hubo acuerdo en que el sistema migratorio vigente desde el año 2018 les generaba situaciones muy complejas, especialmente cuando buscaban conseguir la visa definitiva para conseguir trabajo, al mismo tiempo que, conseguir un trabajo solo era posible si tenían visa definitiva.

 

 

Me dijeron que tenía que conseguir un trabajo o un contrato y con este contrato iba a extranjería para regularizarme, entonces ahí me fui a varias empresas para conseguir este contrato que fue difícil, o sea nunca, nunca conseguí el contrato, entonces me sentía, no sé como muy limitada, porque extranjería me mandaba a las empresas y las empresas me mandaban a extranjería porque para conseguir un contrato te piden un Rol Único Tributario (RUT) chileno, entonces me sentía como que en el medio, no saber dónde escoger, entonces ahí tuve mucho tiempo así, sin el RUT, no podía trabajar, incluso llegó un momento que ni siquiera estaba motivada a salir de mi casa (Entrevistada haitiana).

No te puedo dar trabajo porque no tienes papeles, pero para los papeles tienes que tener un contrato de trabajo, o sea que era una incongruencia que todavía existe, porque todavía existe, entonces cuando llegué a mí se me derrumbó el mundo, a mí lo único que me daba fuerza era saber que mil pesos que yo ganaba aquí, eran lucas para mi casa (…) lo que me motivaba era eso, poder ayudar a mi familia, porque si no, no podrían comer (Entrevistado venezolano).

 

Esto muestra las contradicciones de un sistema que deja a la persona estancada entre dos exigencias irresolubles. Entonces, la incertidumbre nubla el horizonte, pues el trabajador migrante nunca sabe cuándo acabará el examen institucional (racismo institucional) que lo evalúa para hacerlo o no merecedor de residir en Chile. Lo que experimentan no necesariamente implica que estén fuera de la sociedad, pues siguen ocupando —independiente de su situación— el espacio de migrantes trabajadores/as, pero tampoco están dentro porque no ocupan ningún lugar reconocido y la mayoría ve como algo imposible procurarse uno (Castel, 2007). Entonces, entender a este trabajador/a como un “individuo por defecto” que no tiene soportes en ninguna parte y queda desprovisto de ellos, muestra la imposibilidad de realizarse como persona, ya que independientemente de sus deseos por una existencia tranquila, no la consigue debido a que debe vivir el día a día y resolver cada vez más y más problemas, siendo el más urgente la obtención de una documentación que les permite, como bien señala un entrevistado, sobrevivir.

 

 

Tengo que gastar mucho, mucha energía para buscar el dinero (…) y para encontrar un trabajo, usted sabe que hay inflación en Chile ahora. Es muy difícil para sobrevivir con 50 mil pesos al mes, y la vida cotidiana es muy difícil. Para sobrevivir hay que trabajar y para encontrar un trabajo necesitan que tenga papeles legales, como temporalidad, bueno, la temporalidad yo no sé por qué no quieren recibir la temporal en las empresas, solo definitiva, preguntan. Bueno, es muy difícil. Y no tengo definitiva, es muy difícil para sobrevivir, y tengo que pagar arriendo... para comer, un ser humano para sobrevivir tiene que comer, y comer bien (Entrevistado haitiano).

Las mayores dificultades, desde que llegué, siempre es el tema de la documentación, no era fácil el tema de la documentación, el tener que esperar una respuesta y que la respuesta ya fuese positiva, fuese negativa, de que en el momento de que tu querías emprender, era como que querías estar en X lugar trabajando, y siempre te decían tienes documentos, si no tienes documentos no podemos contratarte, esa siempre fue como la gran dificultad (…) entonces ese tema digo, a veces yo voy a rentar y ah, eres extranjero, entonces necesitamos que tengas, esto, esto y esto 50 mil papeles y aparte la documentación (Entrevistado colombiano).

 

La inestabilidad laboral se ata a problemas jurídicos que restringen derechos según la visa que se posea y que remite a dificultades burocráticas, errores administrativos, o muchas veces al desinterés de los funcionarios para resolver problemas de documentación, como a demoras injustificadas para la entrega de documentos, problema recurrente cuando se trata del vencimiento del carnet de identidad cuando esperan la visa definitiva.

 

 

Tengo dos años acá y todavía estoy esperando la renovación de la provisoria (…) cambian la oficina de migración de un sitio a otro, los papeles se quedan en un sitio, yo no sé si fue que se perdieron o les da pereza buscarlo, pero simplemente dicen que no está el acta de matrimonio, un acta de matrimonio apostillada, para que nosotros apostillar un papel es muy complicado muy, muy difícil. Entonces ahorita en ese proceso apostillar a mi esposo (Entrevistada venezolana código).

 

Si se considera al racismo como un sistema de dominación que se despliega en todos los ámbitos de la vida para legitimar o facilitar los agravios y la explotación, es preciso ver el trato en las instituciones cuando la persona no conoce el sistema administrativo y la indican como única responsable de su situación. Luego “sentirse mal” como señala este entrevistado, da cuenta del efecto de dicho trato que surge de los funcionarios. El tuteo por ejemplo —que no es un modo generalizado en Chile para dirigirse a alguien— se usa inmediatamente cuando se interactúa con un migrante. Esto muestra la superioridad como también el desprecio que un funcionario —en este caso del servicio de extranjería y migraciones— tiene frente a quien debería informar o atender. Muchos/as entrevistados/as para distintas situaciones únicamente dicen “sentirse mal”, dos palabras que desde un sentimiento expresado en un “mal” encierran el racismo desplegado contra la población migrante en Chile. Como señala Dhume (2016), se trata del racismo desplegado como fenómeno sistémico, arraigado en la misma sociedad.

 

 

Ese día que me fui a extranjería me trataron mal, porque yo les dije: “¿qué se tiene que hacer?” porque mi pase me dan en la PDI se acababa, y le digo: “yo saqué mi cita y no me ha llegado”, lo único que me dice… no me explicaron qué pasos tengo que seguir, qué tengo que hacer y tengo que estar yendo otras personas diciéndome que no es mi problema, es tu problema y tú tienes que hacerlo, nosotros te decimos sabes que entra acá y lo demás nada, no te explican bien y muchos este problemas en ese caso para mí, porque me sentí mal (Entrevistado peruano).

 

Muchas prácticas abusivas que producen temor e inestabilidad son producto de los vacíos del sistema laboral y del sistema migratorio. Se usa —porque se necesita— el trabajo del/a migrante, sin cumplir con las reglamentaciones migratorias ni laborales de la ley chilena. Esto implica una producción de discriminación hacia personas que podrían ser consideradas como “individuos por defecto”. Siguiendo a Castel son las más afectadas por las crisis al quedar atrapados en la maraña administrativas del país de llegada al que habían considerado como el que les brindaría seguridad para existir. Este “defecto” implica estar permanentemente sin trabajo y siempre en búsqueda de uno, para encontrar “a veces” aquellos donde quedan expuestos a la explotación y a una precariedad que quedan, no será —como se suele pensar— una precariedad transitoria, sino una que se vuelve permanente.

 

 

Los primeros 20 días fueron difíciles porque el mismo día que llegué tuve la suerte de entrar a trabajar a un minimarket hindú. Ese mismo día me recibieron sin documentación, fue como que ya, perfecto, pero trabajaba de 4:30 de la tarde hasta las 7:30 de la mañana del otro día, era super fuerte, quizás me hacían el contrato como quizás no (Entrevistado colombiano).

Conseguí trabajo con una señora que tenía tres niñas y ella sí me dio el trabajo, puertas afuera y el horario era de 9 a 7 de la noche más o menos (…) entonces yo me iba caminando prácticamente todos los días en la mañana y en la noche, ahí si estuve trabajando como cinco años con ella, pero nunca me hizo contrato, era un arreglo entre ella y yo, ella desde el principio me dijo que no iba hacer contrato, porque no hacia contrato ella, yo le dije bueno, como estaba bien ahí, me hicieron sentir bien ahí trabajando, me quedé con ellos, los niños se encariñaron y todo, pero ahí trabajé cinco años (Entrevistada peruana).

 

Como bien señalan Vourc’h, de Rudder y Tripier (1996) se observa una suerte de carácter “no racista” que atañe al universo del trabajo cuando muestra la irracionalidad del racismo cuando, por ejemplo, en este caso, se “acepta” que el migrante trabaje, pero en condiciones de ilegalidad. Aclaramos esto también: cuando quienes “dan” trabajo consideran que lo que se paga es una suerte de “premio” y que los migrantes deberían contentarse con ello. Nuevamente no hay soportes, no hay reconocimiento.

 

 

Trabajaba igual, pero clandestinamente. Se me pagaba, era en efectivo y pues nada de pensiones, cesantía, casi que fueron tres meses sin nada, sin salud, sin nada, sin nada (Entrevistada colombiana).

 

También existen prácticas inescrupulosas de personas que se aprovechan de las condiciones de urgencia de los/as trabajadores migrantes. Entonces venden falsos contratos de trabajo, o falsos documentos de identidad. Se advierte en estos encuentros una forma de discriminación sistémica cuando la urgencia por trabajar enfrenta las incongruencias institucionales, dado que, aunque las personas migrantes no tengan documentación, hay apertura a un mercado de ofertas engañosas al que las personas acuden para conseguir trabajo.

 

 

Iba todas las mañanas a las empresas a ver si podía conseguir un contrato, siempre me decían no que tenemos toda la disposición de contratarte, pero no tienes RUT,[8] primero necesita tener el RUT, entonces hasta que me desesperé y el amigo me dio la referencia, pero me fue mal. Me cobró como 50 mil pesos. Me dijo que después tuviera el RUT que iba a empezar a trabajar todo y yo, confianza, pero no, era un engaño. (…) Extranjería me mandó una carta que era ficticio, que esta persona había contratado a muchas personas más, entonces no, me rechazaron la visa y me mandaron una carta de expulsión (Entrevistada haitiana).

 

Las dificultades se extreman con las urgencias por conseguir los documentos que permitan la vida en Chile. Pero desde lo que las personas decían, se observa una forma específica de racismo institucional que las deja en una situación compleja o “afuera” estando “adentro” (todavía si no son expulsadas), en una moratoria que consigue su frustración cuando buscan regularizar su estadía en Chile gracias al trabajo, pero estando impedidas de trabajar al enfrentarse a una maraña administrativa que imbrica leyes, registros, procesos, acciones, protocolos, que las obliga a permanecer en la irregularidad. Entonces, las “fronteras” que separan a la persona migrante de un nacional advierte del racismo institucional deja afuera a quienes considera inferiores.

 

 

Entonces tengo que esperar, ahorita me toca pedir la definitiva que ya me dijeron que dura un año y medio, o sea que va a ser un año y medio más y yo sin carnet (…) No me puedo casar porque esa era otra opción, pero “cásate aquí y ya y te pones como dependiente” no me puedo casar porque tengo el carnet vencido esas cosas, ¡no existo para Chile! (Entrevistada venezolana).

Me han llamado de varios bancos y es frustrante saber que tienes todos los conocimientos para seguir adelante y poder crecer profesionalmente hablando, porque uno tiene mucho que aportar y por no digamos que es un pequeño inconveniente, porque sabes que legalidad es un gran inconveniente, pero el retraso que tiene el sistema acá. Super lento, no pensé que yo me vine porque sabía que aquí era fácil y rápido, pero no me imaginé que iba a ser tan difícil (Entrevistado venezolano).

 

 

Discusión

 

 

Los testimonios recogidos en la Región Metropolitana provenientes del habla de los migrantes entrevistados, evidencian la vigencia que presenta la teoría de la desafiliación social de Robert Castel cuando analiza la condición paradójica de dichos trabajadores en Chile. Por un lado, son excluidos de los procesos de integración y socialización debido a su estatus migratorio irregular, y por otro lado, son funcionalmente incorporados al mercado laboral para satisfacer demandas económicas precarizadas. Esta doble condición —estar afuera de la protección social pero al mismo tiempo dentro de la explotación laboral— los sitúa en un margen estructural que perpetúa su sufrimiento e incertidumbre. El estudio revela también que la desafiliación es más que un estado pasivo, pues se trata de un proceso siempre en acción que está mediado por mecanismos institucionales, por formas de prácticas laborales que ofrecen trabajos informales que han normalizado la precarización de los trabajadores y por el racismo y la xenofobia practicadas cotidianamente.

Sin embargo, es importante saber que los trabajadores migrantes en Chile realizan una contribución sustancial a la economía. Esta inserción coexiste con una realidad contradictoria de profunda exclusión social y vulnerabilidad que deja ver una paradoja en la que la utilidad económica de la mano de obra migrante es requerida, mientras que las personas migrantes son devaluadas socialmente. Esto se manifiesta en la negación de derechos plenos, protecciones adecuadas y un trato equitativo. Esta situación genera un incentivo estructural para la explotación, perpetuando un ciclo de precariedad. La demanda de mano de obra barata y flexible se combina con barreras administrativas para la regularización, como la falta de documentación o largos tiempos de espera para la obtención de cédulas de identidad. Esto crea una reserva de trabajadores/as susceptibles de ser explotados/as por los empleadores/as. El resultado es una inserción laboral precaria que origina y mantiene una exclusión social más profunda, limitando el acceso a beneficios esenciales y dificultando la formación de redes sociales estables. Esta problemática central del informe se analizará a través de la propuesta de Castel de la desafiliación social.

Ser migrante para un trabajador en Chile es un problema que afecta a toda la población que proviene de países de nuestra región. No solamente por una situación jurídica que devela políticas utilitaristas alejadas de la preocupación por los derechos de las personas, sino también porque las palabras “migración” y “migrante” surgen como connotaciones negativas de corte racista tanto sobre la persona migrante como sobre su país de origen, haciendo funcional la diferencia con el “extranjero” que sí es aceptado cuando viene de Europa o de Estados Unidos.

La desafiliación social que experimentan los trabajadores migrantes que surge en sus trayectorias permite entender que todo trabajador/a, sea del país que sea, necesita protecciones sociales que le permitan la existencia. Sin embargo, cuando éste es migrante, dichas protecciones tienen límites. Tanto cuando su condición migratoria es regular debido a que está constantemente sometido a controles y sanciones, como cuando su condición es irregular. En este punto, la irregularidad es una realidad que debe seguirse investigando, pues sigue siendo “normal” una continua demanda de mano de obra y de conocimientos buscados en trabajadores de condición irregular. Esto se produce, por una parte, por la búsqueda inescrupulosa de mano de obra barata, y por otra por la urgencia de supervivencia de trabajadores que mantienen a sus familias en Chile y en muchos casos en sus países de origen. Esto implica escasez de denuncias, pues estas harían peligrar el sustento al que referimos.

La desafiliación social se vuelve total, dado que los trabajadores migrantes quedan fuera de toda protección y simultáneamente viven en el temor y el ocultamiento para evitar ser detenidos o expulsados. Los escasos juicios de trata por trabajos forzados en Chile como ocurrió con trabajadores haitianos en el año 2018, muestran a lo que puede llegar un empresario cuando entrega condiciones subhumanas de existencia a sus trabajadores.[9] Y en lo que atañe a trabajadores(as) regularizados —independiente de la formación profesional—, su condición racializada los mantiene siempre desfavorecidos respecto de los chilenos.

La propuesta de Castel es un robusto aporte para pensar y descubrir la desafiliación en el marco de las migraciones contemporáneas y abordar las transformaciones de los lazos sociales cuando se trata de poblaciones expuestas a una ruptura con la sociedad que comienza con la lejanía construida en una figura considerada “peligrosa”, fortalecida con la precariedad económica, con la falta de un domicilio fijo o con el color de piel, el origen o la nacionalidad. Los migrantes quedan fuera de la zona de integración, tanto porque no trabajan (cuando están cesantes) o porque trabajando surgen como amenaza para los chilenos cuando estos afirman que les “roban” el trabajo, aun cuando se trata de labores que no desean realizar. Los trabajadores migrantes vendrían a ser protagonistas de una migración desafiliada que refuerza los estereotipos negativos sobre la migración aun cuando esta forme parte de un mercado de trabajo fuertemente solicitado.

La racialización, desde el racismo manifestado en las instituciones y en los encuentros cotidianos explica parte del trato dado en el campo laboral por los empleadores, como también por los trabajadores chilenos con quienes los migrantes comparten tareas. Entonces, es necesario ingresar en las características del trabajo de las personas migrantes considerando al racismo, la racialización y la criminalización que experimentan en un momento político que cuestiona severamente su existencia. Se ha buscado mostrar la importancia que tiene el trabajo para la inserción de las personas migrantes a pesar de que la desafiliación sigue atada a la racialización donde participan muchos actores que consiguen que esta se produzca.

Por último, se observa que la incertidumbre permanente develada en estas trayectorias choca con las ilusiones que el migrante trajo consigo y que se derrumban cuando Chile muestra su cara oculta al señalarle que no es bienvenido. Y si hoy, desde Castel, se enfoca la situación que el migrante enfrenta, se puede aseverar que la precarización que experimenta —principalmente la jurídica— lo ubica en el “precariado”[10] que se interrelaciona con la desafiliación,[11] ya que la desafiliación puede conducir al precariado y el precariado la puede reforzar.

Dado el olvido de las condiciones de producción del fenómeno migratorio, se precisa de un trabajo político que busque el modo en que se ha disimulado la historia de lo que denominamos “migraciones contemporáneas”, desde el lazo emigración-inmigración donde no solo participa un país sino varios. Además, lamentablemente el racismo prospera, se fortalece y se hace compatible con el capitalismo al adoptar la forma “etnificada” de la fuerza de trabajo explotada que al extraer la fuerza de trabajo migrante, jerarquiza posiciones, remuneraciones y un trato específico según sea el ritmo de intereses de los mercados internacionales.

 

 

Conclusiones

 

 

Analizar la situación de los trabajadores migrantes en Chile desde de la teoría de la desafiliación social de Robert Castel, revela una compleja realidad de integración paradójica. Lejos de tratarse de una simple dicotomía de inclusión o exclusión, los migrantes experimentan un proceso permanente de desafiliación, caracterizado por una suerte de “doble marca”: su utilidad económica en el mercado laboral chileno que contrasta con su marginalización y desprotección social.

La precariedad en el trabajo, manifestada en salarios desiguales, en la no contratación, en contratos informales y en la subutilización de sus cualificaciones, los confina a una zona de constante vulnerabilidad. Esta forma de insertarlos —siempre precariamente— es más bien una nueva forma de explotación, que en algunos casos, para los mismos migrantes, que en algo resuelven su situación, puede pasar desapercibida, pues no les proporciona los soportes sociales necesarios, sino que los suele empujar cada vez más hacia la desafiliación. A la vez, la fragilidad que se produce en las redes de sociabilidad, exacerbada por los procesos de racialización que contiene múltiples prejuicios sociales y barreras administrativas, limita su capacidad para construir lazos comunitarios y acceder a la protección social que la sociedad salarial históricamente ofrecía.

Esta convergencia de precariedad laboral y aislamiento social genera en estos trabajadores migrantes un estado de incertidumbre constante que se agrava con la dificultad y muchas veces con la imposibilidad de conseguir la regularización y el acceso a derechos. La vulnerabilidad de los migrantes no es una característica propia a su condición, sino la consecuencia directa de las desigualdades sociales de la misma sociedad chilena. La aplicación de la propuesta teórica de Robert Castel conduce a comprender que la situación de los trabajadores migrantes no es un problema individual, sino un síntoma de la crisis de los soportes sociales y de las fallas sistémicas en la provisión de protección y derechos, que si bien existen para los trabajadores chilenos, para los migrantes implica falta de reconocimiento, marginalización y racismo.

Financiamiento

El presente artículo refiere a las investigaciones contenidas en los proyectos Fondecyt Regular N°1240125: “Trayectorias laborales y precarización de los (as) migrantes en la Región Metropolitana desde 1990 al presente” y en el Proyecto PIA Anillos SOC180008: “Contemporary Migrations in Chile: Challenges to Democracy, Global Citizenship, and Access to Non-discriminatory Rights”.

 

Referencias bibliográficas

Ambiado, C., Tijoux, M.E. y Veloso, V. (2022). “La retórica racista del exceso migratorio y la justa medida de la nación”. En Tijoux, M.E. (Ed.), La deshumanización de las personas migrantes. Los límites del Estado y la urgencia de reconocimiento (pp. 111-140). Editorial Quimantú.

Ambiado, C., Veloso, V. y Tijoux, M.E. (2022). “¿Trabajo sin libertad en Chile? Migrantes entre el racismo, la violencia y la dependencia”. En Andamios, 19(48), 161-181. https://doi.org/10.29092/uacm.v19i48.899

Boccardo, G. (2018). “La clase obrera chilena durante la dictadura (1973-1989): transformaciones en su acción y estructura social”. En Revista Izquierdas, (44), 58-74. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492018000700058

Castel, R. (1997). Las metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Paidós.

Castel, R. (2003). L’insécurité sociale. Qu’est-ce qu’être protégé? Seuil.

Castel, R. (2007). La discrimination négative. Citoyens ou Indigènes. Seuil.

Castel, R. (2009). La montée des incertitudes. Travail, protections, statut de l’individu. Seuil.

Castel, R. (2010). Individu par excès, individu par défaut. En Le Bart, C. Corcuff, P. y F. Singly, De (Eds), L’individu aujourd’hui (pp. 293-305). Presses Universitaires de Rennes.

Castel, R. y Haroche, C. (2001). Propriété privée, propriété sociale, propriété de soi. Entretiens sur la construction de l’individu moderne. Fayard.

Dhume, F. (2016). Du racisme institutionnel á la discrimination systémique? Reformuler l’approche critique. En Migrations Sociéte, 163(1), 33-46. https://doi.org/10.3917/migra.163.0033

Sayad, A. (1999). La double absence. Des illusions de l’émigré aux souffrances de l’immigré. Seuil.

Sayad, A. (2006). L’immigration ou les paradoxes de l’altérité. L’illusion du provisoire. Raisons d’agir.

Thayer, L., Tijoux, M.E., Lages, R. y Fouillioux, M. (2022). “El estado en su frontera: arbitrariedad e ilegalidad en las políticas migratorias recientes en Chile. En Diálogo andino, (68), 167-182. https://dx.doi.org/10.4067/S0719-26812022000200167

Tijoux, M.E., Ambiado, C. y Veloso, V. (2023). “Comprensión, confianza y ética en las entrevistas con personas migrantes. En Empiria. Revista de metodología de ciencias sociales, (58), 15–34. https://doi.org/10.5944/empiria.58.2023.37378

Tijoux, M.E., Veloso, V., y Ambiado, C. (2021). “El trabajo migrante: acumulación por desposesión en el Chile contemporáneo. En Revista Izquierdas, (50), 1-22.

Valdés, X. (1988). “La feminización del mercado de trabajo agrícola en el Chile Central. En Centro de Estudios de la Mujer (Eds.), Mundo de mujer, continuidad y cambio (pp.387-430). CEM.

Valdés, X. (2020). De la dominación hacendal a la emancipación precaria. Historias y relatos de mujeres: inquilinas y temporeras. Ediciones Universidad Academia Humanismo Cristiano.

Vourc'h F., de Rudder, V. y Tripier, M. (1996). Racisme et discriminations dans le travail: une réalité occultée. En L'Homme et la société (121-122), 145-160. https://doi.org/10.3406/homso.1996.2863

 

Resumen curricular de las autoras

María Emilia Tijoux Merino

Profesora Titular en la Escuela de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Doctora en Sociología por la Universidad París VIII. Coordina el Núcleo Sociología del Cuerpo y Emociones. Ha investigado sobre migraciones contemporáneas, racismos y violencias en personas en situación de encierro. Ha publicado libros, capítulos de libros y artículos sobre la temática. Destacan: (Ed) Racismo en Chile: la piel como marca de la inmigración, (2016) Ed. Universitaria. (Ed) La deshumanización de las personas migrantes. Los límites del Estado y la urgencia de reconocimiento, (2022), Ed. Quimantú. Entre los artículos: con Ambiado, C. y Veloso, V: “Comprensión, confianza y ética en las entrevistas con personas migrantes” (2023) en Empiria, Revista de Metodología de Ciencias Sociales. Con Ambiado, C: “Ser paciente haitiano en Chile y vivir el racismo en Centros de la Red Pública de salud” (2023) en Interdisciplinaria (2023). Con (et al.) “Interrogando el concepto de estereotipo y su uso en las ciencias sociales en relación con el fenómeno del racismo”. En Revista Atenea (2022).

Dirección electrónica: emiliatijoux@uchile.cl

Registro ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2870-212X

Constanza Ambiado Cortes

Historiadora y esteta de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente es estudiante del Doctorado de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Chile. Ha investigado en el campo de la violencia, la memoria y la historia, particularmente en la construcción negativa de la migración a partir del estudio de las vidas cotidianas de personas inmigrantes e interacciones entre inmigrantes y nacionales, así como de sus hijos e hijas, en distintos proyectos de investigación interdisciplinaria entre historia, sociología, geografía, filosofía y derecho. Entre sus últimas publicaciones cuentan: Veloso, V., Ambiado C. y Tijoux, M.E. (2023) “Trabajo y migración en el Chile contemporáneo”. En Perfiles Latinoamericanos, 31(61), pp. 1-25; Ambiado, C.; Ambiado, C., Tijoux, M.E. y Veloso V. (2022). “La retórica racista del exceso migratorio y la justa medida de la nación”. En Tijoux, M.E. (Ed.). La deshumanización de las personas migrantes. Los límites del Estado y la urgencia de reconocimiento. Santiago de Chile: Editorial Quimantú.

Dirección electrónica: constanza.ambiado@uchile.cl

Registro ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8626-280X



[1] En un informe de 2021 se señaló que son más de 160 millones de trabajadores en el mundo, de los cuales solo 5.6 por ciento están en América Latina y el Caribe. El mismo señala que en nuestra región 40 por ciento de las personas migrantes son mujeres. Véase en: https://www.ilo.org/es/resource/news/america-latina-y-el-caribe-disena-su-estrategia-regional-de-migracion

[2] El informe Profits and poverty economics forced labor (2024) también señala que: “El total anual de beneficios ilegales del trabajo forzoso es mayor en Europa y Asia Central (84 mil millones de dólares), seguidas de Asia y el Pacífico (62 millones millones de dólares), América (52 mil millones de dólares), África (20 mil millones de dólares) y los Estados Árabes (18 mil millones de dólares).” Véase más en: https://www.ilo.org/es/resource/news/los-beneficios-anuales-del-trabajo-forzoso-ascienden-236000-millones-de

[3] A nivel mundial, para el año 2022 las remesas alcanzaron 626 mil millones de dólares, expresando un crecimiento de cinco por ciento aproximadamente. Véase más en: https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2022/11/30/remittances-grow-5-percent-2022

[4] Por ejemplo, en 1979 se promulga un nuevo Código laboral, mientras que al año siguiente se lleva a cabo la reforma de pensiones que las privatiza a partir de un sistema de monetarización individual administrado por empresas privadas llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

[5] Proyecto PIA Anillos SOC180008: “Contemporary Migrations in Chile: Challenges to Democracy, Global Citizenship, and Access to Non-discriminatory Rights”.

[6] Proyecto Fondecyt Regular N°1240125: “Trayectorias laborales y precarización de los (as) migrantes en la Región Metropolitana desde 1990 al presente”.

[7] Destacamos que el estudio se realizó durante el segundo gobierno del presidente Sebastián Piñera (2018-2022), quien inició una política migratoria llamado “Ordenar la casa”. Con tinte nacionalista y criminalizador de la migración regional, dicha política cambió el sistema de visados, creó un sistema de multas ante faltas administrativas para migrantes residentes en Chile y digitalizó la atención a los servicios migratorios durante la pandemia Covid 19, decisión que ralentizó los procesos de consulta y uso de los servicios. La coyuntura nacional nos permitió observar las trayectorias laborales de migrantes en un momento de marcha blanca de políticas y legislaciones productoras de irregularidad migratoria.

[8] Todas las personas naturales y jurídicas y las entidades o agrupaciones sin personalidad jurídica, pero susceptibles de ser sujetos de impuestos, que debido a su actividad o condición puedan causar impuestos en nuestro país, deben estar inscritas en el Rol Único Tributario. La confección de este registro, su mantención y permanente actualización está a cargo del Servicio de Impuestos Internos. https://www.sii.cl/contribuyentes/contribuyentes_individuales/chilenos_extranjero/rol_unico_tributario.htm

[9] https://www.indh.cl/tribunal-de-punta-arenas-condeno-a-presidio-efectivo-a-un-hombre-por-el-delito-de-trata-de-personas-con-fines-de-trabajos-forzados/

[10] El precariado corresponde a un grupo social que experimenta de modo permanente una inestabilidad laboral, inseguridad económica y falta de protección social.

[11] La desafiliación es un proceso que conduce las personas a perder lazos con las instituciones sociales como el trabajo, la familia y la comunidad. Es consecuencia de los cambios socioeconómicos de las últimas décadas, como la globalización, desindustrialización y flexibilización del mercado laboral.